Prólogo necesario: Sí, murió Hugo Chávez. Mucha gente, por no decir toda, tiene una opinión al respecto sobre Hugo Chávez y lo que hizo en vida por el país. La gente llora, celebra, grita y aplaude. Hay sentimientos encontrados, las calles están extrañamente tranquilas. Yo, no pude haber hecho en Facebook un comentario más alejado de estas tendencias.
Hemos enfrentado cosas peores, como la muerte de Dumbledore y Dobby. Así que seriedad, cordura y calma.
Para quienes han leído la serie de Harry Potter, saben de qué hablo. Si no la han visto, lamento los spoilers. Sé que son desagradables. Este juego infantil de palabras ha causado sensación entre amigos, familiares y desconocidos en las redes sociales. Nunca pensé que causaría tanto revuelo, sobre todo porque son palabras muy honestas. De todas las reacciones, la más notoria vino de parte de una familiar:
SIENTO TANTO EL VACIO QUE TIENES EN EL CORAZON,LAMENTO DECIRTE QUE TU FAMILIA POR PARTE DE TU PAPA VENIMOS DE ESE PUEBLO QUE TANTO SE DESPRECIA,EL APELLIDO NO TE VA A DAR QUE COMER,SE HUMANO COMO FUE ESE SEÑOR,ANTES QUE PROFECIONAL SE PERSONA,HUMANO.
Leí esto hace varios minutos y sentí que debería explicar mejor mis motivos, sobre todo en estas circunstancias.
Nadie fue ajeno a las políticas y discurso de Hugo Chávez. Quien se erigió como golpista en el 1992, llegó a gobernar 14 años a una nación, teniendo sus aciertos y fallos. Creo que el logro más notorio del gobierno de Chávez fue involucrar de manera política a toda la nación y sus habitantes. Todos, ahora, tenemos una ideología y tendencia más o menos clara. En mi caso, ya que crecí en un hogar humilde donde se abogaba por la justicia social y la igualdad, me sentí muy identificado con su discurso.
Al menos los primeros años.
Las cosas han cambiado desde entonces, y actualmente profeso una relación de indiferencia e incertidumbre hacia Chávez. Me encuentro en un limbo emocional, y no niego sentirme algo afectado por su partida. Cuando recibí la noticia, no sabía qué decir. Muchas ideas me pasaron por la mente, pero hoy, a un día de ese anuncio, puedo sentarme y organizar mejor mis pensamientos. Los escribo sin orden de importancia.
No me alegro por la muerte de Chávez, a pesar del tono inmaduro de mi comentario en Facebook. De hecho, nunca hice mención de un supuesto sentimiento de regocijo y júbilo ante tal acontecimiento. Sí, las muertes no deben ser celebradas, pero no todas pueden ser respetadas, y aquí mis juicios:
1. Chávez murió en una cama de hospital, aquejado de un cáncer que le robó la vida los últimos 2 años. Los tratamientos en Cuba fueron fútiles, aunque esto no demuestra directamente la ineficacia de los mismos. El cáncer estaba muy avanzado, ya no podía hacerse nada. Las personas que han tenido familiares que han muerto de cáncer entienden el sufrimiento, pero rechazan categóricamente una teoría conspirativa de un cáncer inoculado por el gobierno de los Estados Unidos. El cáncer no es un virus, no es algo que puedes portar en una jeringa y contagiar a alguien en una silla de una sala de cine. Es una enfermedad horrible que no deseo a nadie, ni a mi mismo. Por tanto, este último día y las declaraciones del Gabinete Ejecutivo fueron un insulto no solo a la nación y sus habitantes, sino al mismo Chávez, su familia y su ideario.
2. Recuerdo muy bien los sucesos de abril de 2002, cuando hubo el vacío de poder presidencial y Chávez fue depuesto de su poder. Recuerdo los disturbios, los muertos, los pistoleros y francotiradores. Recuerdo las tanquetas, el toque de queda. Recuerdo a Cabello, hablando el sábado por la medianoche diciendo que estaban por traer de vuelta a Chávez. Recuerdo que mi familia, incluyéndome, se opuso totalmente a cualquier hecho de violencia que justificase la salida de Chávez. Recuerdo al resto de mi familia, incluyendo al familiar mencionado, dándonos la espalda, eliminando comunicaciones con nosotros y justificando la sangre derramada para que Chávez haya dejado Miraflores, momentáneamente.
3. Recuerdo muy bien todas las veces que me han robado. Desde el dinero de mis bolsillos hasta un teléfono celular, con la usual amenaza del ladrón, pistola en mano. Recuerdo muy bien a los que se han ido, los que no llegaron a tiempo a casa porque un maleante se enamoró de sus posesiones, o sencillamente porque le dio la gana de. Recuerdo bien las cifras horrendas de fallecidos anualmente que ha anunciado la prensa en los últimos años. Recuerdo las palabras de Chávez, asumiendo este problema como personal, sin éxito. Recuerdo lo que me dijo un Policía Nacional Bolivariano cuando denuncié a una banda de menores de edad pasando al frente de mi casa, cada uno con un arma en la mano: “Nosotros no tenemos jurisdicción en ese sector”. Lo gracioso es que vivo a 2 cuadras de un edificio gubernamental.
4. Recuerdo la frustración de mi familia cuando mi papá recibió amenazas de personas del gobierno, tanto en la calle como en su entorno de trabajo. El odio, el facilismo, la corrupción. “Una maleta llena de efectivo todos los meses, si no, estás fuera”. “Tu camioneta te la compraste robando a la gente, capitalista escuálido. Vete al Imperio, escuálido”. Lo que no sabe la gente y lo que han olvidado muchos, es que papá trabaja desde los 5 años. Desde vendedor de quesos hasta gerente de una empresa, papá ha hecho lo imposible para dar de comer a su familia, sin tener que pasar por encima de nadie ni pisotear a sus subordinados. Precisamente esa actitud es lo que ha hecho que se haya ganado muchos problemas con varios empresarios, tanto oficialistas como de oposición. Y ahora, a sus 55 años, mi viejo trabaja como dependiente en una tienda.
5. Recuerdo muy bien los resultados de las últimas elecciones presidenciales. Realmente pensé que el cambio era posible, que Venezuela necesitaba nuevos gobernantes, con nuevas ideas y mejores intenciones, o al menos más honestas. Esa oportunidad sigue sin darse, y ahora que soy padre de una hija recién nacida, no estoy seguro si el país ofrece lo suficiente para que ella pueda crecer con tranquilidad. De mi parte, solo quedan ganas de seguir trabajando, al igual que mi esposa, de la misma forma en que nuestros padres nos han enseñado: de manera honesta, humilde.
6. Lo profesional no quita la calidad humana. He conocido a seres con títulos universitarios que son bastante desagrables, sin importar su tendencia política. También he conocido a personas excelentes en mi entorno laboral y de estudio. Ingenieros, licenciados, técnicos, incluso militares, con quienes mantengo una excelente relación interpersonal, fundamentada en buenos valores, empatía e incondicionalidad. Ser buena persona, eso lo enseñan en casa, no en un salón de clase. Es fácil corromperse en la calle, sí, y la Revolución es la prueba de ello.
7. Usualmente, escuchamos la frase “siempre hemos estado jodidos, las cosas no van a cambiar”. A veces creo que es cierto, pero no porque no hayan oportunidades. En este momento, el petróleo, ese líquido espeso que tanta felicidad ha dado a tantos países excepto el nuestro, ronda los 126$ por barril, a diferencia de los 3.90$ cuando Chávez asumió el poder. Nuestro ingreso per cápita y el PIB son de los más altos de la región. Si bien es cierto que se ha disminuido la desigualdad social, que alguien me explique por qué somos más pobres. Por qué tengo que recorrer 14 farmacias en un día para buscar un medicamento para mi esposa y pañales para mi hija. Por qué cada vez que voy a hacer mercado regreso con menos dinero y la mitad de los enseres que necesito comprar. Por qué una inflación exagerada y una devaluación innecesaria. No me digan que es culpa de los especuladores, ni de la cuarta, ni del imperio a quienes vendemos petróleo a 126$ por barril.
Podría seguir escribiendo, pero creo que mi punto está claro. Ahora, qué tiene que ver Chávez con todos estos “problemas” que denuncio: vivimos bajo un gobierno autoritario, dedocrático, donde un solo hombre asumió todos los males y problemas como suyos, pero no les dio solución. Pasó por encima de tribunales, legisladores, gobernantes y alcaldes electos para imponer su mandato, su ideario, y solo causó división, rencor, lucha, odio. Esto empaña sus buenas intenciones, porque las tuvo, pero de intenciones no podemos alimentarnos, solo de hechos, acciones y sus consecuencias.
Un hombre quiso ser líder, y lo fue, pero su cuerpo no dio más, y todo tuvo un triste desenlace. No olvidemos que Chávez fue humano, como cualquiera de nosotros, y eso no lo hacía ajeno a cualquier malestar. Quienes piensan que no es así, spoiler alert: Chávez no es Dios, y dudo que realmente exista un Dios.
De la misma forma en que Chávez fue humano, todos lo somos. Me exigieron respeto por él, y lo único que puedo hacer es escribir lo que siento y mi imagen de Chávez, que definitivamente no es la misma de hace 10 años. Lamento no poder dar más respeto que un sincero sentido pésame a su familia, porque fue padre, tío, abuelo, y es lo único que haré.
Venezuela, muchos de sus habitantes, los más de 100.000 personas asesinadas en 14 años y los que fueron víctimas del hampa, los que pelean por un kilo de harina PAN en un abasto, los que hacen 4 horas de cola en un Mercal para comprar máximo 4 pollos para una familia de 5 integrantes, los que recorren todas las farmacias de Caracas buscando pañales para sus hijas recien nacidas, los que no pueden enviar remesas a sus hijos al exterior porque CADIVI no le da la gana de funcionar, los que han sido amenazados directamente por funcionarios del gobierno, los que han sido insultado por el Gobierno solo por su orientación política e incluso sexual, los que han sido objeto de mofa desde los canales de propaganda, mis viejos, mi familia, mi esposa, mi hija, yo: también merecemos respeto.
Esto no es una fe de errata. Nuevamente, no me alegro por la muerte de Chávez, pero no puedo ser ajeno a la doble moral que se está manejando.