Infatuación

Se conoce como infatuación al estado emocional caracterizado por el dejarse llevar por una pasión. Esta, de carácter irracional, adictiva, cargada de deseo sexual y ansiedad, es muy común en los jóvenes, debido a sus cambios hormonales asociados a la adolescencia y la experimentación en el plano sexual y de relaciones amorosas.

En nuestro país, a la infatuación le decimos “empepe”. Esta expresión posee una connotación sexual fuerte, alusiva a la genitalia femenina. Quien recibe el calificativo de “empepado” es debido a una fuerte atracción sexual hacia una persona, o en el peor de los casos, un deseo irrefrenable de estar con esa persona, habiendo sexo o no de por medio.

La infatuación o “empepe”, por lo que he visto en mi y en muchas otras personas quienes prefieren mantenerse en el anonimato, se puede dividir en dos corrientes.

  1. Existe la infatuación causada por la admiración, apreciación y valoración a una persona, por lo que representa, hace, dice, piensa, etc. Esta persona, receptáculo de virtudes, suele ser colocada en un pedestal, donde solo existe una adoración cándida y sin explicación alguna. Hay características físicas que pueden reforzar esa conducta. Porta ejemplo: A admira a B y le parece muy atrayente y hermosa por el color de sus ojos, su sonrisa y su tono de voz, hasta el punto de crearse cierto fanatismo tonto por esa persona. Z se siente fascinada por Y, por su porte, barba espesa, elocuencia y modo de hablar. Podría seguir mencionando ejemplos, pero el punto ya está claro.
  1. Hay otro tipo, más visceral, carnal, apasionada, pero silenciosa, y podría considerarse como más intensa y grave que (1). En esta, el objeto del deseo, sin saberlo, despierta pasiones más complejas, fuertes y con reacciones físicas evidentes: desde nerviosismo, ansiedad, hasta excitación sexual. La respiración se entrecorta, aumenta el ritmo cardíaco, las pupilas se dilatan, los sexos se alborotan. Existe este deseo interno, con aspecto incontrolable, de acercarse a esa persona, tomarla de los brazos y dejar que este mismo se manifieste en un intercambio desenfrenado de besos, caricias y otras manifestaciones de fantasías y deseos ocultos. Se presta al desarrollo de fetiches o parafilias, igualmente, pero esa es harina de otro costal.

En ambos casos, estas infatuaciones hacen un daño terrible al bienestar mental de la persona, en caso que ésta no sepa diferenciarlas de un simple “enamoramiento”, o que esta persona se vea forzada a tomar acciones y materializar sus deseos, cándidos o salvajes, en contra de la voluntad de la otra persona. Por otro lado, también es muy mezquino de quien es objeto del deseo el aprovecharse de esta flaqueza de voluntad y exceso de ganas del otro para sacar provecho u obtener algún interés de cualquier tipo (material, físico, carnal, etc.).

La pregunta que más ronda en la mente de las personas que sufren de estos maldeamores es el “¿qué tal si?”. El simple hecho de querer arriesgarse para ver qué resulta de todo esto es peor que la infatuación en sí, ya que siembra duda, incertidumbre, y agrega una cuota innecesaria de inseguridad y ansiedad al caldo. Es querer caminar sobre brasas ardientes para ver si realmente superas tus miedos, pero al mismo miedo te enfrentas al miedo de jugar con fuego y quemarte. Es intentar abordarla en el camino y soltarle el “me gustas” y esperar una bofetada o una respuesta acorde a lo que se desea materializar. Es robarle un beso en medio de una fiesta, donde nadie ve y están ocupados con sus bebidas o intentos de conquistas, y esperar terminar en un callejón besándose o ridiculizado en frente del resto, quien solo prestará atención para ridiculizar más tarde.

Es el juego de arriesgarse y dejarse llevar por un deseo que no encuentra calma, que quema y no cicatriza tan rápido, que causa sed y solo tiene una forma de saciarse. Es lanzar los dados, esperando el número deseado, sabiendo que las probabilidades están en contra y que puedes perder más de lo que estás arriesgando.

Eso es una infatuación. Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos vivido esto. Unos con más frecuencia que otros. En algunos casos, termina con un final feliz; en otros, con bofetadas y amistades arruinadas; en muchos, en largas duchas, toallas húmedas o una comedia romántica en la TV acompañada de un helado tamaño familiar.

Viajar con bebés: sí es posible

Francis y Amelia. PeruRail con destino Machu Picchu, Perú.

Francis y Amelia. PeruRail con destino Machu Picchu, Perú.

“No tengas bebés, decían. Dejarás de vivir tu vida, decían”.

Ni se imaginan la cantidad de comentarios y opiniones que recibí sobre ser padre. Muchos esperaban que, siendo profesional graduado y “más inteligente”, abandonara ese “impulso tercermundista” de tener hijos a muy temprana edad. Podría decirles con toda certeza que, a mis 26 años, la llegada de Amelia no fue accidental y no me arrepiento de ello, ni de lo que he dejado de hacer o vivir por ella. Si hay algo que me propuse junto a mi novia/esposa/concubina/comoquieranllamarla, es que nuestras vidas continuarían sin problema, ajustándonos a las obvias circunstancias.

Por eso, viajar con Amelia ha sido un decisión que ha generado opiniones de todo tipo, tanto de aprobación como de rechazo. Sabemos exactamente los riesgos de hacer maletas y arriesgarnos a visitar un sitio desconocido, y con una bebé en brazos es más delicado por razones obvias. Sin embargo, por muy terrorífico que signifique tener una pequeña en casa y hacer estas locuras, no es algo del otro mundo. De hecho, se aprende muchísimo sobre cómo viajar y conocer otras culturas.

Las claves de todo: planificación y paciencia.

Al tomar en cuenta el espacio que tienes que reservar en tu maleta para un paquete completo de pañales, biberones, ropa, talco, una bañera inflable, un botiquín de primeros auxilios, entre todas las cosas necesarias para un bebé, aprendes que no necesitas tanto equipaje que seguramente regresará intacto a tu casa. Adicionalmente, y creo que es el hecho más relevante de todos: los bebés viajan más cómodo que tú. Cuando los bebés son muy chiquillos, basta con alimentarlos, protegerlos del clima, preocuparse que tomen sus siestas y tener pañales limpios a la mano. Si bien esto requiere trabajo y dedicación, tomando en cuenta que un bebé de 2 meses come cada 3 horas, duerme 18 horas al día y requiere de al menos 8 cambios de pañal al día, es algo que se puede hacer sin problema alguno si sabes bien lo que haces y eres precavido.

Francis, con 8 meses de embarazo. Juangriego, Isla de Margarita.

Francis, con 8 meses de embarazo. Juangriego, Isla de Margarita.

Hay ciertos momentos que, por mucha planificación que requiera, puede darte muchas sorpresas. Amelia, hasta la fecha y con 4 meses de edad, ha tomado 8 aviones, 6 de ellos fueron vuelos domésticos y 2 para salir y entrar del país. Cada vuelo ha sido interesante, cada uno con una experiencia y aprendizaje, pero uno de ellos fue memorable: el vuelo desde Caracas a Lima, Perú. Un avión cuyo único baño con cambiador no tenía agua, con turbulencia, y un inventario de toallitas húmedas escaso. El resultado: un desastre en un cuarto de menos de 1 metro cuadrado. Cambiar un pañal en un avión no es difícil, pero con tantos elementos desfavorables solo puede causar caos y una posterior anécdota con risas incluidas. Solo puedo decir que al llegar a Lima tuve que lavarme bien los brazos.

Esta experiencia ha sido la única que puedo recordar como tortuosa, de todas las sucedidas en las veces que he viajado con Amelia. Hemos viajado en metro, tren, bus, taxi, carro, avión, y cada uno de ellos nos ha llevado a destinos increíbles. Nos hemos hospedado en hostales, anexos, casas de familia, hoteles lujosos, y en cada sitio hemos recibido muy buena atención. Muchos turistas de todas las nacionalidades (japonesa, india, británica, canadiense, por mencionar algunas) se sorprendieron mucho de vernos en Machu Picchu con una bebé de dos meses, tomando en cuenta que la mayoría de los turistas excedían los 50 años de edad. Aprendimos que en Venezuela no existe calidad de servicio al ciudadano y menos al turista. Muchos dirán que como turista solo vimos el lado bonito de Perú, y yo replico: quien haya sido atendido a las mil maravillas en Maiquetía y que piense si Caracas realmente es apta para realizar turismo, que lance la primera piedra. ¿Alguien? Me imaginé.

Por eso, la planificación y paciencia. Saber que debes velar por su bienestar, atenderla cuando lo requiera y estar un paso por delante de sus necesidades es necesario y suficiente para que todo marche bien. Si olvidas un paso, hay tabla.

Amelia y yo. Machu Picchu, Perú.

Amelia y yo. Machu Picchu, Perú.

Viajar siempre será una experiencia agradable que toda persona debe vivir, y ningún miembro de la familia, por muy chico que sea, debe quedar fuera de esos planes. Obviamente, Amelia es aún muy chiquilla para recordar si acaso el desastre que hizo en ese vuelo de Caracas a Lima, pero ese viaje es apenas el primero de todos los destinos que espero conocer junto a ella y su madre, Francis.

Fragmentación digital

Algunos posts atrás comentaba sobre la libertad de elección en la red. Para resumir lo que traté de decir: la red presenta diversas opciones que ofrecen el mismo producto, con algunos plus o limitaciones. Ejemplo de ellos son las redes dedicadas a subir fotografías; Tenemos Flickr, 500px, Picasa, Instagram, EyeEm, Photobucket, TwitPic, Lockerz, incluso Google+ y el mismo Twitter. Todos ofrecen básicamente lo mismo: subir fotos, etiquetado para posicionar la foto de acuerdo a un tópico o ubicación, almacenamiento en la nube y compartir en otras redes sociales. Cada una de estas soluciones presenta una ventaja u otra para cada usuario. Por ejemplo, en mi caso, EyeEm es una buena solución para compartir imágenes en varias redes, y su integración con Twitter hace que la imagen subida pueda verse desde el mismo timeline de Twitter. Instagram, por su lado, cuenta con una gran cantidad de usuarios, y la mayoría de mis amistades tiene una cuenta allí; la interacción y feedback es mayor, pero su integración con otras redes es un poco más limitada.

Yo, por esos últimos motivos, decidí volver a Instagram. Muchos de mis amigos mantienen perfil en esta red, y ya que estaba interesado en seguirles, pues no tuve otra opción. Igualmente, sigo actualizando las otras redes a las cuales pertenezco. Esto, sin embargo, llevó a hacer una revisión de los servicios a los cuales estoy suscrito. Me sorprendí ver el resultado de esta revisión. He aquí los resultados:

  • Twitter.
  • Facebook.
  • Google+.
  • Flickr.
  • Tumblr.
  • EyeEm.
  • Instagram.
  • Behance.
  • DeviantArt.
  • Lomography.
  • Blurb.
  • 500px.
  • 8tracks.
  • Spotify.
  • Soundcloud.
  • TuneIn Radio.
  • last.fm.
  • Flipboard.
  • StumbleUpon.
  • Zinio.
  • Feedly.
  • Geni.
  • Foodspotting.
  • Battle.Net
  • Github.
  • LinkedIn.
  • Bumeran.
  • Empléate.
  • Perfilnet.
  • klout.

Creo que hay más redes a las cuales estoy suscrito, pero estas son las que recuerdo actualmente. Cada una atende, o atendió, una necesidad específica en un momento determinado. Otras, sencillamente las abrí para tener un perfil y aumentar la red de contactos. Muchas de ellas son completamente innecesarias, debo admitirlo.

Al revisar este listado, me percaté de dos fenómenos que teóricamente había revisado en mi época de estudiante universitario:

Never delete, only disable.

Esto, en simple castellano, significa “nunca borres, solo desactiva”. Para explicar esta filosofía, debo hacer mención de un principio básico en Sistemas de Información: la información, como elemento necesario en todo sistema manual o automatizado, no puede ser desechado. Por cuestiones de seguridad, auditoría, etc., la información almacenada y manipulada por un sistema nunca debe ser eliminada, aún si esta información es basura, innecesaria o duplicada. En caso que la data se encuentre duplicada, esto es consecuencia de mal diseño en la estructura de datos o un error de usuario al no verificar la previa existencia de la data. A pesar de esto, la información no es borrada a menos que el sistema lo permita explícitamente. Adicionalmente, los sistemas deben contar con su propio mecanismo de subcontrol que permita reducir estos niveles de entropía. 

Usualmente, los servicios web NUNCA eliminan por completo tu información porque no les conviene, sin importar si el usuario no desea dicho servicio. Motivos: esperan que el usuario vuelva, de alguna manera u otra, a usar el servicio, aunque no pueden reusar su antiguo “username”, cosa que sucede en Spotify, Instagram y otros servicios. Otro motivo, y el de mayor peso: stats. Muchas empresas se jactan de sus cifras (ejem, Facebook), pero no cuentan la cantidad de cuentas eliminadas, cuentas spam, cuentas dummy con multiples seguidores y ningún contenido publicado (sí EyeEm, es contigo), etc. Además, contar con la información de contacto de usuario les permite difundir la misma a terceros, con fines publicitarios o igualmente estadísticos. Es como el famoso SICRI en Venezuela: dicen que entre bancos no se comparte información de los clientes, pero sí sucede. Me consta.

Fragmentación

Me pregunto si algunos usuarios de Windows recuerdan el famoso Defragmentador de Discos. Esta pequeña herramienta se encargaba de reorganizar lo que tenías almacenado en tu disco duro, moviendo la data a los espacios “libres” y así reduciendo el nivel de fragmentación de tu disco, lo cual se traducía en “acceso más rápido a la información”. Esto, sin embargo, dependía de otros factores, como la velocidad de tu disco duro (medida en revoluciones por minuto, o rpm), la cantidad  de data almancenada y de memoria de acceso aleatorio (memoria RAM), entre otros. Mi PC siempre corría igual de lento, a pesar que corría el Defragmentador cada mes. Algo similar sucede con nuestra información en la red, y por mucho que intentemos, el alcance de lo que hacemos o deshacemos puede ser bastante amplio.

Recuerdo que apareció este perfil falso en Facebook, no recuerdo el nombre de la persona, pero las fotos que aparecían en el perfil pertenecían a mi hermano. Algunas de esas fotos fueron tomadas por mi, y bastó con una búsqueda de imágenes de Google para encontrar el origen y fin de las mismas. Una denuncia a FB, varios hatemails de los “fans” de este perfil falso y listo. Desapareció esa información. Lo curioso es que el perfil original de mi hermano era privado para aquel entonces, con acceso solo para sus amistades en esa red. Esto es un ejemplo de algo involuntario, ¿pero qué sucede si el perfil es creado voluntariamente por una persona?

Me di cuenta de esto al conversar con un conocido sobre el concepto de huella digital. Mientras más perfiles en las redes, más fragmentada se encuentra la información en la red, más desperdigada y con tendencia a ser más desordenada. Mientras más data se maneje en la red, esta puede hacerse más viral, donde posiblemente pueda llegar a otros espacios donde no se tenía previsto su alcance. Vean Catfish, MySpace, o ese círculo del infierno digital llamado 4Chan, donde la gente entra para ser troll o ser trolleado: no hay tonos grises.

Algo que comentan muchos Community Managers es que la presencia en la red es importante, y es cierto. Las Páginas Amarillas pasaron a la historia, ahora para las empresas es importante tener un canal en Youtube, un perfil en Facebook, otro en Twitter y, si se atreven, uno en Google+. Este posicionamiento es comprensible y lo acepto, pero es algo que en cierta forma debe asumirse y controlarse de manera consciente, sobre todo si esperas feedback en cada una de las series y eres capaz de aprovechar la red en todo su esplendor. No basta con crear una cuenta en Facebook, hay que usarla. Por algo la creaste.

Por algo son importante las herramientas de estadísticas de algunos servicios. WordPress y Flickr cuentan con apartados de estadísticas bastante interesantes. He visto en WordPress que este blog ha sido leído hasta en Corea del Sur, mientras que mis fotos alojadas en Flickr han sido utilizadas para diversos portales: desde portales noticiosos hasta maternidad. Ni hablemos de Facebook Stats o Google Analytics. Hacer esto es útil, pero no todas las redes poseen estas herramientas, y algunas están tan bien diseñadas que, en caso que desees cancelar una cuenta, tienes que navegar entre menúes complicado, enviar correos a un departamento de soporte, esperar que hagan release de nuevas versiones de los productos (todo esto pasa en Flipboard, por cierto), o buscar la olla llena de monedas de oro al pie de un arcoiris.

Todo está diseñado para hacer más difícil que te deshagas de tu información en la red. Dede el punto de vista informático, es perfecto. Así evitas cometer un error y borrar tu cuenta donde almacenas miles de fotos de gatitos y platillos exquisitos que has degustado alrededor del mundo. Desde el punto de vista del usuario es poco práctico, y allí te percatas que muchos servicios son diseñados por devs y aprobados por devs en vez de usuarios.

Por estos motivos, y otros de mayor peso, he decidido eliminar algunas cuentas que poseo en la red. No me preocupa la seguridad, ni que mis fotos vayan a aparecer en un portal interno de Corea del Norte donde hablen de rottweilers. Solo veo que poseo cuentas muertas que ya no deseo manejar y muchos servicios que han dejado de agradarme. De los que aún mantengo, espero que las nuevas iteraciones de sus productos sean mucho mejores (sí, es contigo, Lomography).

Esto no es una Fe de Errata

Prólogo necesario: Sí, murió Hugo Chávez. Mucha gente, por no decir toda, tiene una opinión al respecto sobre Hugo Chávez y lo que hizo en vida por el país. La gente llora, celebra, grita y aplaude. Hay sentimientos encontrados, las calles están extrañamente tranquilas. Yo, no pude haber hecho en Facebook un comentario más alejado de estas tendencias.

Hemos enfrentado cosas peores, como la muerte de Dumbledore y Dobby. Así que seriedad, cordura y calma.

Para quienes han leído la serie de Harry Potter, saben de qué hablo. Si no la han visto, lamento los spoilers. Sé que son desagradables. Este juego infantil de palabras ha causado sensación entre amigos, familiares y desconocidos en las redes sociales. Nunca pensé que causaría tanto revuelo, sobre todo porque son palabras muy honestas. De todas las reacciones, la más notoria vino de parte de una familiar:

SIENTO TANTO EL VACIO QUE TIENES EN EL CORAZON,LAMENTO DECIRTE QUE TU FAMILIA POR PARTE DE TU PAPA VENIMOS DE ESE PUEBLO QUE TANTO SE DESPRECIA,EL APELLIDO NO TE VA A DAR QUE COMER,SE HUMANO COMO FUE ESE SEÑOR,ANTES QUE PROFECIONAL SE PERSONA,HUMANO.

Leí esto hace varios minutos y sentí que debería explicar mejor mis motivos, sobre todo en estas circunstancias.

Nadie fue ajeno a las políticas y discurso de Hugo Chávez. Quien se erigió como golpista en el 1992, llegó a gobernar 14 años a una nación, teniendo sus aciertos y fallos. Creo que el logro más notorio del gobierno de Chávez fue involucrar de manera política a toda la nación y sus habitantes. Todos, ahora, tenemos una ideología y tendencia más o menos clara. En mi caso, ya que crecí en un hogar humilde donde se abogaba por la justicia social y la igualdad, me sentí muy identificado con su discurso.

Al menos los primeros años.

Las cosas han cambiado desde entonces, y actualmente profeso una relación de indiferencia e incertidumbre hacia Chávez. Me encuentro en un limbo emocional, y no niego sentirme algo afectado por su partida. Cuando recibí la noticia, no sabía qué decir. Muchas ideas me pasaron por la mente, pero hoy, a un día de ese anuncio, puedo sentarme y organizar mejor mis pensamientos. Los escribo sin orden de importancia.

No me alegro por la muerte de Chávez, a pesar del tono inmaduro de mi comentario en Facebook. De hecho, nunca hice mención de un supuesto sentimiento de regocijo y júbilo  ante tal acontecimiento. Sí, las muertes no deben ser celebradas, pero no todas pueden ser respetadas, y aquí mis juicios:

1. Chávez murió en una cama de hospital, aquejado de un cáncer que le robó la vida los últimos 2 años. Los tratamientos en Cuba fueron fútiles, aunque esto no demuestra directamente la ineficacia de los mismos. El cáncer estaba muy avanzado, ya no podía hacerse nada. Las personas que han tenido familiares que han muerto de cáncer entienden el sufrimiento, pero rechazan categóricamente una teoría conspirativa de un cáncer inoculado por el gobierno de los Estados Unidos. El cáncer no es un virus, no es algo que puedes portar en una jeringa y contagiar a alguien en una silla de una sala de cine. Es una enfermedad horrible que no deseo a nadie, ni a mi mismo. Por tanto, este último día y las declaraciones del Gabinete Ejecutivo fueron un insulto no solo a la nación y sus habitantes, sino al mismo Chávez, su familia y su ideario.

2. Recuerdo muy bien los sucesos de abril de 2002, cuando hubo el vacío de poder presidencial y Chávez fue depuesto de su poder. Recuerdo los disturbios, los muertos, los pistoleros y francotiradores. Recuerdo las tanquetas, el toque de queda. Recuerdo a Cabello, hablando el sábado por la medianoche diciendo que estaban por traer de vuelta a Chávez. Recuerdo que mi familia, incluyéndome,  se opuso totalmente a cualquier hecho de violencia que justificase la salida de Chávez. Recuerdo al resto de mi familia, incluyendo al familiar mencionado, dándonos la espalda, eliminando comunicaciones con nosotros y justificando la sangre derramada para que Chávez haya dejado Miraflores, momentáneamente.

3. Recuerdo muy bien todas las veces que me han robado. Desde el dinero de mis bolsillos hasta un teléfono celular, con la usual amenaza del ladrón, pistola en mano. Recuerdo muy bien a los que se han ido, los que no llegaron a tiempo a casa porque un maleante se enamoró de sus posesiones, o sencillamente porque le dio la gana de. Recuerdo bien las cifras horrendas de fallecidos anualmente que ha anunciado la prensa en los últimos años. Recuerdo las palabras de Chávez, asumiendo este problema como personal, sin éxito. Recuerdo lo que me dijo un Policía Nacional Bolivariano cuando denuncié a una banda de menores de edad pasando al frente de mi casa, cada uno con un arma en la mano: “Nosotros no tenemos jurisdicción en ese sector”. Lo gracioso es que vivo a 2 cuadras de un edificio gubernamental.

4. Recuerdo la frustración de mi familia cuando mi papá recibió amenazas de personas del gobierno, tanto en la calle como en su entorno de trabajo. El odio, el facilismo, la corrupción. “Una maleta llena de efectivo todos los meses, si no, estás fuera”. “Tu camioneta te la compraste robando a la gente, capitalista escuálido. Vete al Imperio, escuálido”. Lo que no sabe la gente y lo que han olvidado muchos, es que papá trabaja desde los 5 años. Desde vendedor de quesos hasta gerente de una empresa, papá ha hecho lo imposible para dar de comer a su familia, sin tener que pasar por encima de nadie ni pisotear a sus subordinados. Precisamente esa actitud es lo que ha hecho que se haya ganado muchos problemas con varios empresarios, tanto oficialistas como de oposición. Y ahora, a sus 55 años, mi viejo trabaja como dependiente en una tienda.

5. Recuerdo muy bien los resultados de las últimas elecciones presidenciales. Realmente pensé que el cambio era posible, que Venezuela necesitaba nuevos gobernantes, con nuevas ideas y mejores intenciones, o al menos más honestas. Esa oportunidad sigue sin darse, y ahora que soy padre de una hija recién nacida, no estoy seguro si el país ofrece lo suficiente para que ella pueda crecer con tranquilidad. De mi parte, solo quedan ganas de seguir trabajando, al igual que mi esposa, de la misma forma en que nuestros padres nos han enseñado: de manera honesta, humilde.

6. Lo profesional no quita la calidad humana. He conocido a seres con títulos universitarios que son bastante desagrables, sin importar su tendencia política. También he conocido a personas excelentes en mi entorno laboral y de estudio. Ingenieros, licenciados, técnicos, incluso militares, con quienes mantengo una excelente relación interpersonal, fundamentada en buenos valores, empatía e incondicionalidad. Ser buena persona, eso lo enseñan en casa, no en un salón de clase. Es fácil corromperse en la calle, sí, y la Revolución es la prueba de ello.

7. Usualmente, escuchamos la frase “siempre hemos estado jodidos, las cosas no van a cambiar”. A veces creo que es cierto, pero no porque no hayan oportunidades. En este momento, el petróleo, ese líquido espeso que tanta felicidad ha dado a tantos países excepto el nuestro, ronda los 126$ por barril, a diferencia de los 3.90$ cuando Chávez asumió el poder. Nuestro ingreso per cápita y el PIB son de los más altos de la región. Si bien es cierto que se ha disminuido la desigualdad social, que alguien me explique por qué somos más pobres. Por qué tengo que recorrer 14 farmacias en un día para buscar un medicamento para mi esposa y pañales para mi hija. Por qué cada vez que voy a hacer mercado regreso con menos dinero y la mitad de los enseres que necesito comprar. Por qué una inflación exagerada y una devaluación innecesaria. No me digan que es culpa de los especuladores, ni de la cuarta, ni del imperio a quienes vendemos petróleo a 126$ por barril.

Podría seguir escribiendo, pero creo que mi punto está claro. Ahora, qué tiene que ver Chávez con todos estos “problemas” que denuncio: vivimos bajo un gobierno autoritario, dedocrático, donde un solo hombre asumió todos los males y problemas como suyos, pero no les dio solución. Pasó por encima de tribunales, legisladores, gobernantes y alcaldes electos para imponer su mandato, su ideario, y solo causó división, rencor, lucha, odio. Esto empaña sus buenas intenciones, porque las tuvo, pero de intenciones no podemos alimentarnos, solo de hechos, acciones y sus consecuencias.

Un hombre quiso ser líder, y lo fue, pero su cuerpo no dio más, y todo tuvo un triste desenlace. No olvidemos que Chávez fue humano, como cualquiera de nosotros, y eso no lo hacía ajeno a cualquier malestar. Quienes piensan que no es así, spoiler alert: Chávez no es Dios, y dudo que realmente exista un Dios.

De la misma forma en que Chávez fue humano, todos lo somos. Me exigieron respeto por él, y lo único que puedo hacer es escribir lo que siento y mi imagen de Chávez, que definitivamente no es la misma de hace 10 años. Lamento no poder dar más respeto que un sincero sentido pésame a su familia, porque fue padre, tío, abuelo, y es lo único que haré.

Venezuela, muchos de sus habitantes, los más de 100.000 personas asesinadas en 14 años y los que fueron víctimas del hampa, los que pelean por un kilo de harina PAN en un abasto, los que hacen 4 horas de cola en un Mercal para comprar máximo 4 pollos para una familia de 5 integrantes, los que recorren todas las farmacias de Caracas buscando pañales para sus hijas recien nacidas, los que no pueden enviar remesas a sus hijos al exterior porque CADIVI no le da la gana de funcionar, los que han sido amenazados directamente por funcionarios del gobierno, los que han sido insultado por el Gobierno solo por su orientación política e incluso sexual, los que han sido objeto de mofa desde los canales de propaganda, mis viejos, mi familia, mi esposa, mi hija, yo: también merecemos respeto.

Esto no es una fe de errata. Nuevamente, no me alegro por la muerte de Chávez, pero no puedo ser ajeno a la doble moral que se está manejando.

Caracas de Noche

Se conoce por oscuridad la ausencia percibida de la luz. La oscuridad es asociada con lo desconocido. Nos causa intriga, curiosidad, miedo y temor todo aquello que no podemos ver con claridad, aquellas cosas difusas y que por falta de luz propia desconocemos cómo nos pueden afectar.

La noche guarda muchos secretos por el mismo motivo. A veces, tenemos que adaptar nuestra vista para poder ver aquellas cosas que, incluso con el sol más radiante, escapa a nuestros ojos. Es irónico, pero es así. Caracas es una suerte de Jekyll y Hyde, para quienes conozcan esta historia, siendo Jekyll el día y Hyde la noche. La salvedad en este caso es que Jekyll, lastimosamente, se está pareciendo cada vez más a Hyde, y habrá un punto en que ambas personalidades se fusionarán en una.

Anoche a las 4:30 AM me desperté de golpe. Amelia, mi hija, despertó llorando, reclamando lo que todo bebé recien nacido necesita: alimento, arrullo, un cambio de pañales y un par de brazos que le devuelvan la tranquilidad. Mientras la sostenía en mis brazos, escucho varios gritos provenientes de la calle. “¡AGÁRRENLO, AGÁRRENLO!”, se escuchó en la calle, donde todos aparentemente dormían. Pasos de gente corriendo, gritos desesperados. Decidí no asomarme por la ventana hasta que el silencio regresara, y teniendo a Amelia en mis brazos, no era prudente mostrar las narices. Sin embargo, me encargué de cerrar la ventana y correr las cortinas.

Pasados 5 minutos, me asomé por la ventana mientras arrullaba a Amelia, cuando veo al final de la calle a un grupo de 8 muchachos. Desconozco si viven en este sector, pero todos guardaban dos similitudes muy peculiares que había estado observando desde hace algunos días: Cada uno portaba un bolso cruzado pequeño, un “satchel” como le conocen fuera de este país, y todos rondaban los 17, 18 años, a excepción de uno que lucía de 12 años. El bolso, como ya había notado en varias noches, es el receptáculo de drogas y armanento  que venden/rentan a otros, usualmente personas manejando autos costosos. Uno de ellos, de la manera más natural posible, sostenía un revólver en la mano derecha y en la izquierda un encendedor para prender un cigarro. El menor de todos disfrutaba de una Coca-Cola de 600ml (a deducir por la botella mas no por su contenido)

Acto seguido, hice lo que toda persona con cuatro dedos de frente, sentido común y temple haría. No, no llamé la policía, y ya les diré por qué. Lo que hice fue darme la vuelta, en un gesto de reprobación, frustración y tristeza, y cantarle en voz muy baja a mi hija “Duérmete Niño”, de Mercedes Sosa, canción que aprendí gracias a mi padre, con la obvia adaptación al género femenino.

La primera vez que presencié algo así fue hace varios meses. Un adulto en sus cuarentas estaba rentando un arma a un menor de edad, con demostración de su funcionamiento, un lunes a las 2 AM. Si se preguntan cómo lo sé: estaba viendo Dogtooth, una película griega, mientras ayudaba a mi esposa a decorar una torta. En otra situación, llamé a cinco números telefónicos distintos: Emergencias, Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional, para denunciar un escándalo que no permitía a nadie en el sector dormir con tranquilidad. Cada uno me redirigió a otra competencia, para luego terminar en un “ya le atenderemos”, cosa que nunca sucedió.

En una situación regular, en una sociedad donde todo funcione como debe ser, lo anómalo sería presenciar lo que vi a través de la ventana. En mi caso, y el caso de muchos, lo raro de la noche fue estar despierto, arrullando a una recién nacida que se despertó a las 4:30 AM, o decorando una torta mientras ves una película bastante interesante. Sin embargo, no me acostumbro a estas situaciones. No es normal, al menos para mi, ver que una banda de menores de edad se dedique a vender drogas y portar armas.

Leí en FB que “el sistema es el culpable de esos males, la gente no tiene otra opción lamentablemente que caer en eso”, refiriéndose a la inseguridad, asesinatos y todos los vicios que enfrentamos día a día. De ser cierta esta generalización, yo estaría también inmerso en este sistema y tendría la culpa. “Si no eres culpable, eres cómplice”; es lo primero que aprendí en la Universidad. Sin embargo, no es así.

Nací en Caracas en 1987, viví en Valencia mis primeros 3 años de vida y luego viví 20 años en un sector humilde de Los Teques, llamado “Barrio Sucre”. Vivíamos con lo justo, y la primera lección de vida fue “trabajar duro para lograr lo que quieres”. Estuve rodeado de buenos y malos ejemplos a seguir: desde deportistas y buenos estudiantes hasta ladrones de buses y carteristas, pero la decisión de seguir un camino en específico siempre quedó de mi parte. Mis padres se encargaron de enseñarnos que el trabajo, el respeto y la educación daban más frutos que cualquier camino fácil que tomáramos. Además, todo tiene una cuota de sacrificio: es algo que, ahora más que nunca, reafirmo.

Vuelvo a pensar en lo sucedido ayer y vuelvo a indignarme. No acepto que “el sistema” o la “actual situación del país” justifique el hecho que un niño de 16 años venda piedra, cocaína y munición para armas 9mm para poder llevar la comida a su hogar. Además, dudo que el dinero que gane en esas actividades tengan un destino favorable para él y sus allegados. Si esto es completamente rechazable, es peor ver como quiénes deben velar por la seguridad en todos los aspectos posibles se hagan la vista gorda y den carta blanca a tanto facilismo, violencia y degeneración. Desde los padres de ese niño de 12 años con su botella de Coca-Cola hasta las autoridades competentes.

Sí. La noche guarda secretos que desconocemos. Caracas de noche es una ciudad de secretos a voces, de verdades incómodas, de frustraciones frecuentes y resignación permanente. La noche muestra la verdadera cara de esta ciudad, saca el Hyde que todos llevan por dentro, sin garantías de ver a Jekyll una vez más, apenas salga el sol.

The first time

The first time by JoséMa Orsini
The first time, a photo by JoséMa Orsini on Flickr.

When we grow up, we became rational, thoughtful and careful about what we do and what we want from the world around us. We lose the ability to feel amazed or surprised by little things, we no longer pay attention to details and we start to think before feeling. Our brains have no room for surprises and our hearts don’t care about premonitions or hunches.

But once in a while, we are surprised by ourselves. Some events may trigger our surprise factor and leave us speechless. The only thing we can do is to watch and see how these little things remind us that we’re alive and, most of all, we’re still able to feel things as if it’s the first time we’re dealing with them.

She’s my daughter, Amelia Solange. This picture was shot when she was taking her first sponge bath, few days ago. So beautiful, fragile and small…

I look at her in the eyes and I feel happy, blessed, nervous… To hold her in my arms is the best thing I’ve ever felt in years, and I’m very grateful for that.

Thank you, my sweet baby girl, for reminding me I’m alive. Hello and welcome, Amelia. I love you.